"Y la escuela es la gran ocasión ¿quién lo duda?. La escuela puede desempeñar el mejor papel en esta puesta en escena de la actitud de lectura, que incluye, entre otras cosas, un tomarse el tiempo para mirar el mundo, una aceptación de "lo que no se entiende" y, sobre todo, un ánimo constructor, hecho de confianza y arrojo, para buscar indicios y construir sentidos...Si la escuela aceptara expresamente - institucionalmente - ese papel de auspicio, estímulo y compañía, las consecuencias sociales serían extraordinarias."

Graciela Montes
La Gran Ocasión

Artículos de Interés


28 Junio 2010 a 08:58
Para el nuevo titular del Cendie, Rafael Gagliano, los bibliotecarios deben rever sus funciones. Para eso propone algunas acciones.


“Los bibliotecarios son docentes”, aseguró el flamante director del Centro de Documentación e Información Educativa -Cendie- que depende de la Dirección General de Cultura y Educación, Rafael Gagliano, quien dijo que los encargados de las bibliotecas están en un período de “giro antropológico”. Esto -dijo-, implica que los bibliotecarios deben involucrarse en la labor educativa, hacer atractivos los recursos con que cuentan e involucrarse con los alumnos.

Gagliano habló sobre la nueva labor de los bibliotecarios como docentes, educadores, no como técnicos puramente, sino como miembros plenos de la institución escolar en su condición de educadores.- Esto es muy importante porque la figura del bibliotecario se tiene como esa persona que sólo entrega libros…


- El sentido es que es una profesión y actividad orientada a personas en formación: niños, adolescentes y jóvenes. No es simple ni fácil que alguien que se acostumbró a vincularse y relacionarse con cosas, aunque sean nobles como los libros, pase ahora a pensar sistemáticamente en términos de necesidades de personas, deseos de personas, desarrollos cognitivos y afectivos vinculados a personas que usan los textos para esos desarrollos. Por eso para los bibliotecarios esto es un giro antropológico.

-¿Cómo lo toman a esto los bibliotecarios y sobre todo aquellos que ya tienen años de profesión?
- Como sucede en otros casos, con sus resistencias, con algunos reclamos como que nos piden mucho y nos dan poco. A esto no lo escuché hoy pero sí en otras oportunidades: “No nos prepararon para esto, no sabíamos que esto era lo que efectivamente queremos que sea”. Es decir, las resistencias son normales para personas que han trabajado con mapas mentales que corresponden a otras décadas, a otros momentos, a otras infancias, a otras realidades de inclusión social y escolar de todos los niños y niñas. La biblioteca era un lugar de apoyo, que podía ser suprimida sin que ella lo sintiese y eso ahora es imposible. No es más un lugar de apoyo solamente y por el contrario no está en un lugar marginal sino central porque sus proyectos interactúan con otros de docentes de aulas, con la conducción, y con las propuestas propias de los bibliotecarios atentos a la formación de los niños de acuerdo al desarrollo: es decir, son docentes.

Los cambios
- Usted ha enumerado algunas de las nuevas políticas del sector, ¿qué otras cosas son necesarias que los bibliotecarios sepan y vayan haciéndose propias?
- Hay un componente de su trabajo que es técnico y que debe administrarlo con idoneidad, con experticia, con conocimiento. Es decir, ellos tienen un horizonte de conocimiento que el puesto exige pero como toda experticia técnica puede devorarse al usuario y quedarse sólo en esa actitud pasiva de esperar que venga alguien a solicitar y en ese caso servirlo como corresponde, pero eso es una relación comercial no educativa. Sólo una parte es muy final y residual del trabajo del bibliotecario. En muchos casos el bibliotecario tiene que construir la demanda. El niño no va a pedir sino tiene una atracción y algo propicio para que lo que está ahí tenga vida y circule, etc. Por lo tanto ahí está el rol pedagógico de construir demanda, de crear ambientes propicios y de dar otras clases, distintas, complementarias y acumulativas respecto a la que da el docente de aula. Poder mostrar  otros lenguajes como el cine, el arte, la literatura, y no solamente los libros de textos que los niños consultan por necesidad. Es decir, el bibliotecario muestra los otros lenguajes posibles pero en forma articulada con la demanda o la necesidad. En el aula el niño ve las clases una a una, de lengua, de sociales, etc. En la biblioteca esos lenguajes tienden a unirse, a articularse y ser mostrado en su complejidad como unidad, como propuesta de trabajo. Esa es una ventaja enorme que tiene la biblioteca. Es ejemplar en términos de poner a los bibliotecarios como sujetos integrantes plenos de la escuela y de capacitación que es algo que fue históricamente olvidado.
- Los bibliotecarios muchas veces se quejan de que los tienen un poco olvidados..
- Sí, es verdad, al igual que las bibliotecas. Pero se ha revertido la cosa y me parece que la tendencia, aunque todavía estemos en un lugar marginal, es reversible hacia una mayor visibilidad, exigencia y co-responsabilidad pedagógica con el conjunto de los otros actores. En este concepto ya no puedo mirar a los niños como que son sólo de los maestros de aula, sino que son también míos, y me conciernen y si ellos no aprenden como bibliotecario me siento interpelado y soy corresponsable. Es un término que yo tomo prestado de los derechos del niño que interpela a todos los adultos como corresponsables del resguardo y protección de sus derechos. No importa qué vínculo tengas con él sino que ese derecho no debe ser vulnerado.

Fuente:   
http://www.lacapitalmdp.com/noticias/LaCiudad/2010/06/25/148850.htm



Afirman que leer en voz alta mejora el rendimiento escolar

Cynthia Palacios
LA NACION 


Nadie duda de los beneficios de la lectura en los chicos. Pero una investigación comprobó las ventajas de leer en voz alta: esta práctica incrementó la participación de los alumnos, mejoró su capacidad de concentración, la disciplina y la expresión oral y escrita.

El estudio “Villegas en Palabras” sobre lectura en voz alta, elaborado por el Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación junto con el municipio de General Villegas, indagó los beneficios de esta experiencia a partir de más de 10.115 lecturas compartidas por docentes y alumnos en clase, lo que representa un promedio de 85 lecturas por día. 

La investigación se realizó en las 92 escuelas del distrito -6828 alumnos de nivel inicial, primario y secundario, y 977 docentes- en tres ejes fundamentales: prácticas de lectura en voz alta en el marco de las clases, capacitación docente y encuentro con escritores.

El 75,6 por ciento de los docentes que participaron de la investigación dijo que las acciones de promoción de la lectura, y en particular, la práctica de la lectura en voz alta se tradujo en un incremento de la participación de los alumnos durante las clases, promovió el acercamiento de los chicos a la biblioteca y mejoró el desempeño en aquellos alumnos con problemas de concentración y disciplina.
El 90 por ciento de los maestros dijo que la lectura, y los espacios compartidos de esta práctica, colaboraron con la atención de los alumnos durante la clase. El informe explicita que en el 59% “ayudó mucho” a mejorar la atención, y que también hizo más efectivo el aprendizaje general en el 43% de los casos.

“Queríamos transmitirles que con la lectura uno puede armarse otro mundo, ser escuchado, animarse”, contó a LA NACION Griselda Galli, coordinadora, junto con Miriam Santiago, del Estudio Villegas. El estudio se realizó desde mayo y el cierre fue esta semana.

En la presentación del estudio, el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, recordó que “para muchos chicos argentinos, la escuela es el único lugar donde existe la posibilidad de ser alentados en la lectura”, y destacó el valor “decisivo” de las instituciones educativas.

La directora del Plan Nacional de Lectura, Margarita Eggers Lan, explicó: “En General Villegas nos pidieron que tomemos a esa localidad como testigo. Es interesante, porque nos brinda un panorama completo ya que tiene escuelas rurales y urbanas de todos los niveles educativos. El objetivo es reinstalar en todo el país la práctica de la lectura en voz alta dentro como ejercicio para alumnos y docentes, y generar nuevos lectores”.

Todos los días se leía en el aula unos 15 o 20 minutos. El 28% de los maestros caracterizaron con la palabra “aceptación” la respuesta de los alumnos frente a esta experiencia, mientras que el 19% habló de “gran entusiasmo”. Las ganas de leer en voz alta, la motivación para leer otros textos, el interés por conocer obras de los autores siguen entre las respuestas dadas por los docentes.

Al mismo tiempo, el 19% de los maestros consideró que las clases se volvieron más participativas y el 18% de los docentes reconoció haber ampliado sus conocimientos sobre textos y autores. También destacaron que los chicos se acercaron más a la biblioteca (17%), que mejoraron su expresión oral y escrita (14%), que los alumnos con problemas de concentración mejoraron su desempeño (12%) y los que tenían problemas de disciplina se vincularon mejor (11%), además de que los padres se involucraron más (3%).

Según detalló Galli, mientras en el nivel inicial leían los docentes, padres y abuelos, en primaria eran los maestros y los chicos que se animaban quienes leían en voz alta: “En secundaria, que fue donde más costó, al principio leían los profesores de práctica del lenguaje y humanística, dos o tres meses después leyeron los de matemática y física”.

El programa incluía también encuentros con autores que leían sus propias obras. “Fue muy emocionante ver a los adolescentes y a los chicos ir a la biblioteca a buscar más libros. Y hasta tuvimos un chico de 17 años que repartió sus obras a los autores para que las juzguen, porque él quiere ser escritor”, comentó Galli.

Este fue el primero de los tres años del programa. Que la experiencia sea sistemática y extendida en el tiempo les permitirá estudiar las reacciones de los chicos. En un primer balance están más que satisfechos. “Los ayudó mucho a expresarse, tenían pocas palabras y mejoró su expresión, estaban contentos de leer para otros chicos”, dijo Galli.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1212490





 Aspectos a tener en cuenta durante la realización de la lectura en voz alta

1. Conozca el libro que va a leer. Conocer el libro permite un mejor fraseo, entonación, inflexión e interpretación del texto que se quiere dar a conocer.

2. Mire a los ojos a quienes les esté compartiendo la lectura. No hay que olvidar que leer es un acto comunicativo principalmente. La mirada refuerza los nexos de comunicación entre quien lee y quien escucha, transmitiendo al mismo tiempo una sensación de atención permanente.

3. Conozca los niveles lectores del auditorio. Leerles “Punto a Punto” a un grupo de niños preescolares o “Chiguiro” a un grupo de adolescentes puede convertirse en una labor contraproducente. Conocer el nivel lector del auditorio garantiza escoger con mayor tino las temáticas, contenidos y complejidad del texto a trabajar. Al tratarse de una lectura en voz alta sin embargo, se puede elegir un libro con un nivel de lectura más avanzado que el medio del auditorio, esto ayuda a conservar su interés.

4. La lectura no comienza ni termina en el libro. A medida que vaya realizando la lectura plantee preguntas y elabore cuestionamientos que favorezcan las lecturas intertextuales y críticas así como permita a quien escucha un momento para realizar sus preguntas, expresar sus dudas y plantear su propia interpretación del texto.

5. Presente el libro. Al igual que una persona un libro tiene un origen, fue realizado por alguien y publicado por una editorial. Conocer los elementos paratextuales brinda marcos de referencia que permiten la navegación posterior del lector en formación.

6. El libro más allá de los valores. Un libro no es sólo un elemento de transmisión de valores culturales ni formas correctas de comportamiento social. No reduzca la complejidad del lenguaje, las formas literarias ni la construcción de una trama y/o personajes a una situación moral.

7. No resuma el libro. No siempre los lectores en formación estarán dispuestos a escuchar. Es preferible en estos casos suspender una lectura que terminar el libro resumiéndolo. La angustia no es el mejor sentimiento para ser relacionado con la lectura.

8. Permita el acceso del lector al libro. Permitir que el lector en formación pueda retomar el libro posteriormente por su propia cuenta amplia los campos de significación que se le puede otorgar al texto al tiempo que mejora la familiaridad que se puede tener con el texto.

9. Acompañe la lectura en voz alta de lectura silenciosa sostenida. La lectura en voz alta acompañada de la lectura silenciosa sostenida es quizás el mejor sistema de mejorar la relación lector –texto. Permite que el lector en formación logre al mismo tiempo tener una relación más personal con los libros. De otro lado le permite explorar sus intereses de manera autónoma.

10. No sólo de cuentos vive el lector. Se pueden leer muchos tipos de textos (desde el instructivo hasta el lirico). Amplíele al lector en formación su universo lector.

Este decálogo (siempre se termina haciendo un decálogo) sólo constituye una mera guía a tener en cuenta en la realización de la lectura en voz alta. El mediador de lectura encontrará otras a su paso o encontrará ineficientes algunas de ellas. La experiencia siempre será la mejor consejera.
Publicado por Diego Fernando Marín en: http://lecturasparatodos.blogspot.com/2010/02/aspectos-tener-en-cuenta-durante-la.html





LECTURA EN EL AULA

En el campo de la promoción de lectura como en cualquier otra disciplina es sencillo caer en la rutina y en lo fácil. En el aula de clase esto puede ser un factor determinante. No es suficiente la lectura en voz alta y la lectura silenciosa sostenida. Ni tan siquiera cuando los grupos son buenos y ya hay propensión la lectura. Al igual que nosotros, los lectores en formación, no siempre están dispuestos a leer lo mismo ni con la misma seriedad. Se hace entonces necesario tener un arsenal de intervenciones posibles que dinamicen y que hagan más pertinente el objetivo de la lectura, sobre todo cuando es en el aula de clase.

Por supuesto se necesitan diversos materiales a nuestra disposición. Ante todo la mayor variedad de material textual cerca de nosotros. Esto hace casi imprescindible una biblioteca de aula con textos que vayan desde las revistas hasta libros técnicos e investigativos, pasando por obras literarias, historietas y novelas gráficas entre otro tipo de material. Un buen diccionario, aún en esta época de internet, no es despreciable.

El conocimiento de nuestro grupo es crucial para lograr nuestros objetivos. Es necesario saber de sus virtudes, inclinaciones, aversiones y defectos. El conocimiento de la dinámica grupal hará más efectivo y asertivo cualquier tipo de intervención que decidamos hacer.

Flexibilidad. Este es quizás uno de los temas más difíciles de manejar. Por un lado, el establecimiento de rutinas es necesario en la formación de la personalidad de alumnos de escuela primaria y secundaria, en tanto que otro tipo de lector en formación la necesita para poder compartimentar su tiempo de una manera más efectiva. Empero, quienes tenemos un hábito lector entendemos que todo tiempo de lectura es robado. ¿Cómo hacer coincidir entonces las prácticas letradas vernáculas y dominantes?, ¿cómo enseñar pasión en un ambiente que ha de ser cuidadosamente controlado para lograr los mejores resultados?, ¿hasta qué punto la improvisación es un recurso enteramente valido? La respuesta se halla en la organización y la sobreplaneación. Estos recursos los entrega un ejercicio constante de la labor docente y/o de promoción de lectura en el aula, al tiempo que navegar de manera constante en estado de alerta a lo largo de los años. Ningún grupo es igual a otro, de la misma manera en que ningún libro es igual a otro.

No hay respuestas totales por supuesto. Este es un tiempo de aprendizaje. Lo gracioso es que mis alumnos sospechan que los únicos que tienen que aprender son ellos.