"Y la escuela es la gran ocasión ¿quién lo duda?. La escuela puede desempeñar el mejor papel en esta puesta en escena de la actitud de lectura, que incluye, entre otras cosas, un tomarse el tiempo para mirar el mundo, una aceptación de "lo que no se entiende" y, sobre todo, un ánimo constructor, hecho de confianza y arrojo, para buscar indicios y construir sentidos...Si la escuela aceptara expresamente - institucionalmente - ese papel de auspicio, estímulo y compañía, las consecuencias sociales serían extraordinarias."

Graciela Montes
La Gran Ocasión

miércoles, 15 de mayo de 2013

"Leer cuentos en la Escuela: Una acción que no puede ni debe faltar en el aula"

 "Escribir una historia viene a ser lo mismo que vivirla. 
Te encontrás con las incertidumbres que los personajes traen y te van mostrando. 
Y lo que vos hacés es narrar lo que hacen, las decisiones que toman, 
las que no toman, lo que está fuera de su decisión, lo que no alcanzan a entender. 
Escribo cuentos para entender qué le pasa a esa gente que los habita y los padece. "
Iris Rivera

Los cuentos han sido la compañía del hombre a lo largo de todas las culturas. Algunos fueron transmitidos oralmente, de generación en generación y otros, se plasmaron en la escritura, a través de versiones de los primeros o de nuevas creaciones que se amplían y multiplican incesantemente en el mundo de hoy en, por ejemplo, el campo de la Literatura Infantil y Juvenil.

Sostienen una estructura interna basada en tres momentos: el comienzo, el nudo y el desenlace y mantienen como elementos permanentes, las funciones de los personajes dadas a través de sus acciones. El investigador V. Propp (1974) ha delimitado decenas de funciones presentes en los cuentos infantiles, ligadas a sus protagonistas. Entre ellas, el alejamiento, la prohibición, la transgresión, la carencia, la partida, el reconocimiento, el descubrimiento, el castigo, la tarea cumplida. Esas situaciones, comunes a las distintas sociedades han perdurado a través de la historia.
En la escuela primaria, el género narrativo encuentra en el cuento una de las expresiones más difundidas y aceptadas. Acompaña a la poesía hecha rimas, adivinanzas, coplas y se instala con breves historias que van ampliando su extensión y complejidad.

En los primeros años de escolaridad, en que la lectura se hace en compañía del docente y/o del bibliotecario, los cuentos deberán despertar la curiosidad, tratar temáticas que refuercen la pertenencia a un grupo, exploren el mundo cotidiano natural y social, amplíen los márgenes de la fantasía.
Lo narrativo, desde la trama, se proyecta en lo identitario. La lectura lleva a la lectura del mundo, a partir de la construcción de sentidos que surgen de los textos de ficción y ésta, a su vez, retroalimenta una marcha espiralada en el niño lector reforzando su autoestima, provocando descubrimientos de situaciones paralelas o similares entre las leídas y las del propio contexto familiar y/o social, encontrando en el/los personaje/s un diálogo posible.

La selección adecuada de los cuentos, entre otros tantos textos para leer en el nivel Primario, es una de las estrategias que sostiene la formación de lectores. Compartir los motivos que llevan a la elección de uno u otro será, en el caso de los alumnos de Segundo Ciclo, un modo de orientarlos en su búsqueda autónoma de lecturas personales.

María C. Venegas (1994:215) identifica entre los criterios a tener en cuenta al seleccionar un cuento a leer: el contenido de la historia, el auditorio (en cuanto a su familiaridad o no con la actividad), la disponibilidad de tiempo y las circunstancias en que se da la presentación del material así como los objetivos que se desean alcanzar. En particular en cuanto al contenido, la autora recomienda que posean las siguientes características: "una mezcla de cotidianeidad, humor y fantasía; una intriga bien construida y mucha acción; un mínimo de descripciones largas; imágenes y comparaciones familiares adaptadas al grupo y la presencia de repeticiones y fórmulas que permitan concentrar la atención y sean atractivas y memorables".

La diversidad de temáticas que los cuentos asumen da al docente la oportunidad de poder aproximarse a un gran espectro de contenidos, sostener propuestas de educación en valores, poder mitigar desde la fantasía conflictos que los niños y niñas atraviesan. Un interesante ejemplo, centrado en las tensiones derivadas de la identidad cultural, es la propuesta de lectura del cuento de Juan José Millás Los números árabes. Aquí van unos fragmentos que lo sintetizan:
“Había en África unos números árabes muy fáciles de entender y muy prácticos para contar y para numerar las cosas, que al enterarse de las dificultades europeas decidieron emigrar en busca de un trabajo aritmético digno.... La población, al ver que era tan fácil contar o numerar con ellos las cosas, empezó a usarlos sin importarle lo que dijeran las leyes.
Los números romanos comprendieron que su tiempo había pasado y negociaron ser utilizados para la base de los monumentos, donde llevan una vida muy feliz y son muy respetados.
Hoy la mayoría de la gente no sabe que los números que utiliza son árabes. A nadie en su sano juicio se le ocurriría dejar de usarlos porque son extranjeros. Aunque la pregunta correcta es: ¿de verdad son extranjeros? ¿qué rayos significa ser extranjero?
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Es desde la variedad temática de los cuentos que es posible sostener una valoración positiva del otro y el reconocimiento de las diferencias. Los espacios de lectura pueden así convertirse en ámbitos abiertos al diálogo intercultural o a la reflexión interior. En relación a ello, es importante considerar al finalizar una lectura, que el silencio es un derecho, tal como lo plantea Geneviève Patte (2008:235). Puede surgir el debate como una necesidad de los propios niños pero no como una pauta obligada o impuesta por el docente, ya que muchos de ellos preferirán recluirse íntimamente en la historia, sin exteriorizar sus emociones. En dicho marco, los cuentos pueden habilitar una vía personal para acercarse a los propios temores, generar confianza a partir de lo que ocurre a los personajes, descubrirse como uno más en situaciones difíciles y valorar lo propio. Muchas veces, en silencio.

Ricardo Mariño en su Máximas y mínimas para la estimulación a la lectura plantea a los docentes su mirada en torno a las propuestas que se acoplan a la lectura, desde el humor:

"Querido docente: si alguna vez al salir del cine alguien te detuvo en la vereda y te pidió que escribieras tres finales distintos para ese argumento, y esa experiencia te agradó y notaste que mejoró tu comprensión del filme, entonces está muy bien que continúes pidiéndoles a los alumnos que después de la lectura de un cuento señalen palabras esdrújulas, sensaciones olfativas o terminaciones en aba. Desconfía de los cuentos y novelas que sirvan para enseñar algo muy concreto. Si el libro demuestra claramente que los dientes deben cepillarse todas las noches, que no hay que discriminar a los asiáticos y que los enanos son personas, probablemente no tenga mucho valor literario. Las grandes obras literarias no enseñan nada, al menos no directamente, y, al contrario, crean encrucijadas que provocan más preguntas que respuestas."

Es decir que la lectura de cuentos, la lectura a otros por parte del alumno o del docente, valen en sí mismas. No requieren de cantidades de actividades posteriores que desvirtúan el valor de la palabra leída o escuchada, el valor de lo literario en este caso. Para profundizar en él, es interesante recoger los dones que tienen los cuentos según el escritor español Paco Abril. Aquí va una síntesis de ellos para ampliar o discutir:

- el don del afecto (El solo hecho de contar el cuento es ya sinónimo de afecto, de apoyo y, al mismo tiempo de alimento a la permanente necesidad afectiva que tenemos los seres humanos);

- de la aproximación a la realidad (A través del cuento, el niño comprende las tramas de la vida real, ya que en los cuentos, fundamentalmente, se utiliza un lenguaje ajustado a sus intereses, necesidades. Los cuentos llevan a la verdad a través del laberinto de la imaginación);

- de la fuga (Los cuentos les permiten a los niños liberarse de la tensión de la realidad, de las imposiciones, los avisos, las recomendaciones);

- del consuelo (Para que el don del consuelo haga efecto, se necesita dedicar tiempo y constancia a la lectura de cuentos);

- de la palabra (Las palabras de los cuentos no son ruidos carentes de significado, al contrario, son palabras significativas que tienen sentido. El lenguaje de los cuentos es un masaje aliviador, toda vez que el lenguaje es una piel);

- de la atención (La atención se agudiza al leer un cuento, los niños escuchan con los cinco sentidos. Este es un don imprescindible para disfrutar o aprender);

- de la identificación (Niñas y niños se ven reflejados en los cuentos como si estuvieran viéndose en un espejo);

- del deseo de leer más (Si a los niños les ofrecemos cuentos que les fascinen, desearán seguir leyendo);

- del conocimiento y de la imaginación (Los cuentos no solo dan respuestas a las necesidades de los niños sino que también les suscitan todo tipo de preguntas. Las preguntas son la base para incitar a los niños a descubrir nuevos conocimientos y a desarrollar su imaginación).

Para que algunos de estos dones se cimenten en los niñas y niños, el docente que lee en voz alta encontrará en su voz, el recurso expresivo para generar atmósferas, identificar personajes, crear suspenso, manejar el ritmo propio de cada cuento con el tiempo necesario para que ellos puedan construir la imagen de lo que escuchan. El momento y el espacio serán elegidos con cuidado, así como la historia. En principio deben poder ser disfrutadas por el propio docente, ya que esa sensación se transmite al leer.
La construcción de la propia identidad lectora por parte de los alumnos, incluirá también la observación del docente como modelo lector. El estímulo que representa en cuanto a la posibilidad de compartir lecturas, de descubrir y deslumbrar-se, ofician como un aliciente en el camino del alumno como lector autónomo.

- Como señala J. Larrosa (2006:30) "El maestro de lectura se hace responsable, primero, de las palabras que ha recibido como un don de la lectura y que, a su vez, quiere dar a leer. Esa responsabilidad que se llama respeto, atención, delicadeza o cuidado, le exige desaparecer él mismo de las palabras que da a leer para darlas a leer en su máxima pureza. Y el maestro se hace también responsable de los nuevos lectores que deberán producir nuevas lecturas. Por eso también tiene que desaparecer en la lectura de lo que da a leer para que sea una lectura nueva e imprevisible.”

Leer y dar a leer cuentos en la escuela es un acto generoso, provocador de entusiasmos que se sostendrán a lo largo de toda la vida, HAGÁMOSLOTODOS LOS DÍAS!!!

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