"Y la escuela es la gran ocasión ¿quién lo duda?. La escuela puede desempeñar el mejor papel en esta puesta en escena de la actitud de lectura, que incluye, entre otras cosas, un tomarse el tiempo para mirar el mundo, una aceptación de "lo que no se entiende" y, sobre todo, un ánimo constructor, hecho de confianza y arrojo, para buscar indicios y construir sentidos...Si la escuela aceptara expresamente - institucionalmente - ese papel de auspicio, estímulo y compañía, las consecuencias sociales serían extraordinarias."

Graciela Montes
La Gran Ocasión

lunes, 4 de julio de 2011

¿Cómo ayudar a niños y jóvenes a descubrir la maravillosa experiencia de leer?

Había una vez...
 Los libros nos abren la puerta a mundos creados por otros y la lectura se transforma en una aventura, en un descubrimiento. A pesar de esto, solemos escuchar decir que "Los chicos no leen". ¿Es así? ¿Cómo ayudarlos a descubrir la maravillosa experiencia de leer y estimularlos en su encuentro con los libros?
Un niño lee "El Reglamento es el
Reglamento", de Adela Basch
Para todos los que amamos la lectura, leer es una actividad insoslayable y casi imprescindible: vivir sin libros es prácticamente inimaginable. Muchos descubren los libros tardíamente, pero posiblemente la mayoría de los buenos lectores se forma desde temprana edad. Hoy nos encontramos con una idea que circula y se expresa como una certeza: "Los chicos no leen, o leen menos". Para averiguar si es así, y saber qué podemos hacer como adultos para estimular su acercamiento a la lectura, entrevistamos a diferentes especialistas en el tema, que nos dieron su visión:   

"Es una afirmación temeraria, sostiene Canela. Creo que los adultos dicen esto porque leen menos y piensan que los chicos leen menos. Yo creo que los chicos leen de otra manera, leen otras cosas. El mundo está mucho más escrito que antes; hay continuos mensajes, no sólo de palabras, también de códigos, de imágenes. En la televisión y en la computadora hay continuamente palabras para leer; hay un entrenamiento de la lectura y de la comprensión de lo que se lee mucho más alto de lo que la gente cree. De lo que la gente se lamenta es de que no lean libros. Porque creen que el libro guarda todavía "el secreto de la felicidad" o del éxito. Y lo que el libro guarda, en realidad, es un mundo, que si vos no lo abrís te perdés. Y es un mundo en el cual hay un enorme trabajo personal. La persona se pone toda en movimiento para poder entender y disfrutar, o padecer lo que lee. Yo no creo que los chicos rechacen el libro si hay un encuentro con los libros adecuado. Por la edad, primero a través del encanto de las imágenes, los libros que son libro-juego. Es un vicio el de leer; una vez que te acostumbrás a hojear las páginas, y a ver que el libro engorda de un lado y se angosta en otro, y te permite meterte en otro mundo... ese vicio se te prende como cualquier otro. Llamémosle hábito si no queremos llamarle vicio"

Niños leyendo en jornada de lectura al aire libre
realizada en la Ciudad de J.J. Castelli
Roberto Sotelo coincide en que los chicos leen, ya que, especialmente en los medios urbanos, están rodeados de opciones de lectura, tales como los carteles en la vía pública, las consignas en la escuela, los subtítulos de las películas, entre otros. Pero asegura que lamentablemente no leen todos los libros que podrían leer. Y se pregunta: "Como adultos, ¿qué posibilidades les brindamos para que lean libros, para que se formen como lectores? ¿Qué intrumentamos, como sociedad, para que los chicos tengan un contacto y acceso directo a la lectura y a los libros, y que esto signifique para ellos una actividad natural, placentera, enriquecedora y desarrollada en un marco de libertad? No hay bibliotecas infantiles; las bibliotecas públicas no tienen salas infantiles adecuadas y preparadas para afrontar este desafío; en la escuela la lectura está encarada como un objetivo didáctico o de aprendizaje; los libreros desconocen la oferta actual de libros para niños; en los medios de comunicación y de información la literatura infantil no tiene espacio y los padres no les compran libros a sus hijos y tampoco les leen o cuentan historias. En síntesis -y estoy hablando de la generalidad, porque existen excepciones- la sociedad no presenta al adulto (padre, maestro, artista, deportista, etc.) como un modelo lector para los niños. Mientras esto no suceda, son pocas las posibilidades que tendremos para lograr que un chico lea, o que considere a la lectura como una actividad que le brindará tanto placer como realizar un deporte o ver una película."
¿Qué modelo lector proponemos?

Los padres siempre son modelo. Modelo por sus conductas, por sus hábitos, hasta por sus gustos y preferencias. Por ese motivo, también son modelo en cuanto a la inclinación por la lectura, o no.
Como dice Canela "Si los papás no leen, por qué va a leer el chico?" Sotelo se explaya: "Si el chico ve que sus padres leen, que sus maestros leen; que los adultos leen y lo pasan bien mientras lo hacen, ¿por qué no va a seguir ese ejemplo? La actitud del adulto es hipócrita en ese sentido. Tanto en el hogar como en la escuela se predica la importancia de la lectura, pero en la práctica eso se podría traducir como: "Vos, que sos chico, tenés que leer. Es importante que leas. Yo, que soy adulto, no tengo tiempo para hacerlo pues debo realizar cosas mucho más importantes."

Susana Notti aporta otro ángulo para el análisis: "Daniel Pennac, un investigador francés sobre lectura, autor de "Como una novela", libro que recomiendo, nos abre los ojos sobre algunos errores que a veces se cometen en forma involuntaria. Como por ejemplo, pensar que cuando los chicos están cerrando su proceso de lectura y escritura, es momento de "corrernos". Les leímos mientras no supieron leer, y ahora que ya aprendieron, es tiempo de que lean por su cuenta. Pennac dice entonces que los dejamos un poco solos, ofreciéndoles libros muy simples porque recién están empezando a leer, y con esto se corta esta gradualidad creciente e interesante respecto de las temáticas que veníamos disfrutando con ellos. De pronto, pasan a leer pequeñas y sencillas historias. Si los adultos siguiéramos contándoles cuentos, no se perderían de seguir escuchando historias más complejas, que no están preparados del todo para leer por su cuenta." 


¿Qué rol tiene la escuela en relación a la lectura? ¿Colabora estimulando a los chicos a acercarse a los libros y descubrirlos? Los especialistas opinan: 

"Hay docentes muy inquietos en este sentido, y hay muchos seminarios, jornadas para capacitarse. Pero no todos son así. Desde la escuela, hay que tratar de que el libro lo lean porque sí, pero que no lo "desbrocen" una vez leído, subrayando idea principal, buscando sustantivos... esto los encorseta a los chicos, al darse cuenta de que leen para devolverlo, para dar cuenta de eso y ser evaluados. Si se quiere trabajar comprensión de texto, que los docentes tomen algún material de divulgación, pero no el libro que se elige para despertarles el placer por la lectura", responde Notti

Qué hacer (y qué no)

Leerles y contarles. Cuentos, novelas, biografías, y todo lo que consideremos buen material de lectura. Y hacerlo SIEMPRE. Notti señala el valor de leerles a toda edad: "Yo estoy a favor de contarles cuentos a los chiquitos que no leen, a los que van leyendo, a los que ya leen y son adolescentes... Aunque hay como un mito instalado: "A los grandes no les vamos a contar cuentos", creo, muy por el contrario, que hay que seguir rescatando este espacio de encuentro y el vínculo que se genera entre el que cuenta y el que escucha, que desde lo afectivo genera toda una impronta de relación tan fuerte y cercana".

Poner libros a su disposición. "En principio libros que tengan que ver con lo que le interesa - sugiere Sotelo - Y sólo eso, dejarlo disfrutar. Luego él solo irá buscando, pidiendo más y formándose como lector. Esto se debería hacer desde muy temprana edad. Las nanas, las canciones y los cuentos que escucha el bebé son la base que lo estimulará a formarse como lector a medida que crezca." Para ilustrar la importancia de acercar libros "desde la cuna", podemos citar el extracto que R. Sotelo hace del libro "La literatura para niños y jóvenes", de Marc Soriano, en Imaginaria: "Nos corresponde a nosotros permitir ese primer contacto acariciante y reconfortante, impregnándolo de nuestro calor y nuestra ternura. Lo ideal es transformar los primeros libros en "objetos transicionales", ponerlos a competir con las muñecas y los osos de peluche".

Concurrir a bibliotecas o librerías. Canela propone: "Ir un día a la Biblioteca, como paseo; hay librerías que tienen segmentos para chicos, no hay obligación de comprar los libros, con lugares para sentarse y para leer."

Proponerle ir a una librería y elegir un libro. Según Canela, ante la pregunta acerca de cómo estimular a un chico más grande, que no tiene mucho contacto con los libros, una buena alternativa es "...ir a la librería, por ejemplo un día por mes y decirle "Elegí un libro, tengo sólo $10 o $15. Con ese dinero elegite el libro que quieras." Puede ser que un chico no elija ningún libro, que compre una historieta, o que compre en el kiosco una revista que le guste. Demostrar que el libro es un bien, que hay que comprarlo y hay que elegir."

Permitirle elegir los libros que va a leer. Sotelo recomienda: "Llévelo a una buena librería -muy surtida- y ayúdelo a elegir el libro de su agrado. ¡Pero atención! el libro que realmente le agrade al niño, no el que le agrade a usted, o el que le gustó cuando usted era niño. Acepte lo que el niño elija (los niños saben elegir muy bien lo que les interesa), léalo también usted (deje de lado los prejuicios). Confronte sus opiniones con las del niño. No trate de imponer sus criterios o gustos aunque los crea acertados. Deje que se aficione a la lectura con lo que él más desea en ese momento. Luego habrá tiempo de recomendar y de hacerle conocer otras alternativas de lectura." Coincide Canela al respecto de la importancia de elegir: "Nunca decirle al chico "Ese no", o "Ese ya lo tenés en casa en otra versión". Elegir libremente es el primer paso para acercarse al libro. Si el chico empieza a leer el libro y no le gusta, permitirle que lo deje".

NO HAY QUE OBLIGAR A LEER. "NO se puede OBLIGAR a leer, como tampoco, siguiendo a Daniel Pennac, se puede obligar a amar", sostiene Sotelo.

No obligar a los chicos a "rendir cuentas" sobre lo leído. "No le "tome lección". Ni siquiera en forma disimulada (algunos padres son especialistas en eso y los chicos siempre se dan cuenta). Respete su silencio. Él mismo le contará, o no. Pero lo importante es que la lectura esté planteada como una actividad que pueda realizar sin tener que rendirle cuentas al adulto. No lo obligue a hacer un dibujo ni un comentario (oral o escrito) sobre lo que lee. A usted no lo obligan a hacer esas cosas cuando sale del cine después de ver una película", explica Sotelo.
No usar los libros como moneda de cambio. "Un error muy común es el "Te portás mal y no te cuento" - afirma Notti - "Los castigamos con lo que deberíamos estar estimulándolos". 
Saber elegir es la clave

Cuando llegamos a la librería, encontramos un mundo densamente poblado: miles de libros, decenas de editoriales, colecciones... Tal vez hallamos aquellos libros que nos deleitaron en nuestra infancia o adolescencia. Pero la mayoría son nuevos para nosotros y tanta diversidad hace que nos sintamos "perdidos" y hasta confundidos, a la hora de elegir. ¿Cualquier libro es bueno? 

Canela nos alerta: "Hay muchos libros de mala calidad, mucha "basura" editada, para chicos y para adultos también. Digo "basura" como se habla de la "comida basura". Libros bien impresos, de tapa dura, pero que a lo mejor han sido hechos solamente para que alguien gane dinero. Un libro en el cual no se expresa nada sustancial, cuya aparición no modifica a nadie. De eso hay mucho. Ahí también: hay que aprender a elegir.
La pregunta es ¿Cómo? Para los no entendidos en el tema, elegir puede ser más difícil. ¿Qué criterios debemos usar para seleccionarlos? 


La especialista continúa: "En primer lugar, un padre tiene la posibilidad mágica de volver a su propia infancia. Tiene además otra posibilidad, la de informarse: ir a una biblioteca, hablar con la maestra de sus chicos, o con otra persona que conozca y sepa algo de libros. Por ejemplo, si un libro no tiene autor, es un libro sospechoso para mí, porque alguien hizo un amasijo con algo que otro escribió, alguna vez, o alguien escribe "esclavizado", y no consta como autor porque es usado, y entonces no se hace responsable de lo que está escrito. El tema es estar alerta. El padre y la madre saben cómo elegir la comida, y hay que hacer un ejercicio también de la elección de los libros. Pero es inútil si ellos no disfrutan de leer. Y una buena medida es que si el padre disfruta leyendo un cuento a sus chicos, se divierte, se emociona, se siente transportado, o le trae evocaciones, es un buen libro. Por eso tienen que creer en su propia capacidad de elegir también." 


Susana Notti agrega: "...ir a una librería donde haya personal especializado, que pueda dar un asesoramiento valioso, o a espacios donde se promueve la lectura. Allí habrá gente que pueda orientar a los papás". Y toca el tema de las imágenes, revalorizándolas: "Yo soy muy exigente en que haya un nivel de calidad compartido entre el texto y la imagen. En muchos casos, la imagen apoya y sostiene el relato, es valiosísima." 


"La escuela hace mucho y en forma creciente desde hace mucho tiempo", asegura Canela. "Creo que en ese sentido la educación ha dado un viraje y ha incluido el libro en las actividades escolares. El peligro está en escolarizar el libro, en querer aprovecharlo. Yo, cuando voy a una escuela y me dicen "Hemos trabajado mucho su libro", pregunto: "Qué quieren decir?" Y me responden, por ejemplo, "Hemos cumplido muchas actividades porque el libro sugiere que investiguemos a los inmigrantes...". Quizá el texto en sí, que es lo que manda, queda en un segundo plano. Yo dejaría mayor libertad, no les haría dibujar los personajes, no les haría representar escenas del libro. Haría que se leyeran más libros.

¿Deber leer o querer leer?  


En ocasiones, por duro que sea para los padres que aman la lectura, es bueno reconocer que no necesariamente nuestros hijos tendrán iguales inclinaciones.

Niños de la EEP Nº 1014, eligiendo libros para leer
"Spielberg nunca leyó - comenta Canela - No es el único camino. Por eso a mí esa insistencia en que los chicos no leen y tienen que leer me preocupa mucho. Se debería insistir en que los chicos tengan opciones saludables en la vida: correr, hacer deporte, pintar, escribir, coser, tejer, jugar, jugar, jugar... Lo importante es que el chico tenga un mundo abierto. A mí me preocupa la vida de cajita, en un departamento, con papás que trabajan todo el día, un hermanito mayor que atiende a los más chiquitos, pero no como antes en el campo, en que estaban las gallinas y los patos y uno leía en el gran libro de la naturaleza. Ahora es una cosa de reclusión, leés en la pantalla de televisión, y no siempre estás en condiciones de elegir. Yo creo que con los chicos que no quieren leer no hay que insistir. De todas maneras leen las etiquetas de los envases, leen los carteles de la calle, no son analfabetos. Algo ha hecho que no se encontrara ese chico con el libro.  

Pero no por eso hacerlo sentir "discapacitado". No es un discapacitado un chico que no lee libros. Es un chico que no tiene ganas de leer libros." 

De alguna manera, esto nos lleva a plantearnos que el rol que nos cabe como adultos es activo, ayudando a introducir a nuestros hijos en el mundo de lo literario, presentándoles opciones. Pero si con el tiempo, y a pesar de nuestros estímulos, observamos que no hay un genuino interés por parte de ellos hacia los libros o la lectura en general, debemos ser respetuosos de esa elección. En algún momento "se despertarán las ganas". Y si no se despiertan, es porque (puede ocurrir), tendrán otras inclinaciones o aficiones, pero no será porque nos "desentendimos" del tema y no le dimos valor ni espacio. 


El Ministro Romero
leyendo en voz alta
el la EEP Nº 117
Las palabras de Canela resumen el espíritu de la lectura: "Da mucho trabajo leer. La lectura es una conquista, una aventura, y la aventura trae momentos de angustia. Leer es una aventura atrapante. ¿Qué hace que un chico haga equilibrio sobre una pared, cuando se puede caer? La aventura, la emoción. Eso es lo que los libros tienen que darle. Está tan banalizada la emoción, sólo los slogans de los canales hablan de pasión, de emoción, de estar cerca. Lo cierto es que, después de la proximidad física entre dos personas, el libro es lo más cercano".  

Asesoraron:
Canela (Gigliola Zecchin de Duhalde) estudió Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba. Directora Editorial del Departamento de Literatura Infantil y Juvenil del Grupo Editorial Sudamericana; autora de libros para niños (entre otros, Marisa que borra, Boca de sapo, Letras en el jardín y la serie Lola). Tiene una destacada trayectoria como periodista y conductora de televisión y radio.
Roberto Sotelo. Profesor de Enseñanza Primaria y Bibliotecario Escolar; coordinador de Talleres de Lectura en el Área de Recuperación y EGB de la Escuela de la Nueva Expresión. Ex - Director de Promoción y Coordinador Editorial en Libros del Quirquincho. Co-director de Imaginaria. Creó y dirige La Biblioteca del Ratón; autor, entre otros libros, de "Anacleto el esqueleto inquieto".
Susana María Notti. Profesora de enseñanza primaria y maestra jardinera; Directora de un colegio de la localidad de San Fernando. Especialista en literatura infantil y juvenil. Creó y dirige Casa de Cuentos (talleres de animación a la lectura); asesora de instituciones educativas y bibliotecas.
Eduardo Abel Gimenez. Escritor, músico, especialista en juegos de ingenio, programador y co-director de Imaginaria. Publicó, entre otros, los libros "El fondo del pozo", "Días de fuga de la prisión multiplicada", "Bichonario", "Un paseo por Camarjali", "Monstruos por el borde del mundo"; co-autor del juego de tablero "Iguana James"

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