"Y la escuela es la gran ocasión ¿quién lo duda?. La escuela puede desempeñar el mejor papel en esta puesta en escena de la actitud de lectura, que incluye, entre otras cosas, un tomarse el tiempo para mirar el mundo, una aceptación de "lo que no se entiende" y, sobre todo, un ánimo constructor, hecho de confianza y arrojo, para buscar indicios y construir sentidos...Si la escuela aceptara expresamente - institucionalmente - ese papel de auspicio, estímulo y compañía, las consecuencias sociales serían extraordinarias."

Graciela Montes
La Gran Ocasión

lunes, 1 de noviembre de 2010

Recordamos a Homero Manzi. Sus tangos están incorporados a la vida de todos los argentinos.

Homero Nicolás Manzione, como verdaderamente se llamaba, nació de madre uruguaya y padre argentino en Añatuya, un empalme ferroviario de Santiago del Estero, el 1º de noviembre de 1907.
Manzi encarna, más que ningún otro, la presencia de la poesía en la letra del tango. Fue un poeta que no publicó ningún libro de poesías.
El medio de su poética fue siempre la canción, desde los motivos camperos hasta la música urbana, en la que alcanzó su mayor realización. De esa manera gozó de inmensa popularidad, sin renunciar nunca a sus convicciones de poeta.  A diferencia de otros grandes autores, sus letras no ofrecen crónicas de la realidad social ni imparten consignas morales. Sus versos suelen estar llenos de nostalgia, como el tango mismo. A través de ellos, Manzi arroja una mirada plena de ternura y compasión hacia los seres y las cosas.

                                Compartimos versos de sus canciones:

Ensueño
Música: Antonio Sureda
Letra: Homero Manzi
Muchacha que en la sombra de mis días
luciste la estrellita del querer,
quedaron tus amores sin falsía
grabados en la aurora que se fue.
Si a veces el embrujo de la vida,
me señala la senda de otro amor,
la nostalgia de ayer
me llena el corazón de pesar
y vuelve tu recuerdo porque hoy,
te quiero mucho más.

Sobre ese cariño nuestro nido se alzó.
Pero, cruel, la muerte se llevó
lo que con tanta fe, soñábamos los dos.
No quedó ni el pájaro cantor
que en nuestro patio gris
fue un rayito de sol.

Muchacha que en mis tiempos juveniles
me diste la ternura de tu fe
cuando ya se agotaban mis abriles
en mi pobre camino te encontré.
Por eso en la calleja de aquel barrio,
donde juntos rezamos nuestro amor,
reviviendo el ayer, devuelve la ilusión a soñar,
como en la mañanita marchar, caminito al taller.
                       

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